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Acqua Forte

¡Atenti, pibe!

Por Javier Cardenal Taján (Argentina)
xabi10xabi@gmail.com


Ilustración: Cecilia Ivanchevich

Ha visto acaso usted la cantidad de bellas donnas que andan dando vuelta por la ciudad. Buenos Aires parece un edén ¿Será debido a ello el facilísimo de los habitantes del lugar? Es decir: para que esforzarse, esmerarse y portarse bien en pos de encontrar el paraíso como retribución, si el mismo radica aquí, en la bendita Argentina. Pero a qué se debe esta alocada coincidencia, digo alocada porque en ciertos momentos uno se pregunta ¿Somos realmente merecedores de tamaña beatitud? ¿No será esto una señal del Barba? ¿Acaso es esta la tierra prometida que en algún momento se vio inundada y afectada por estos descarriados y malandrines seres dados a conocer por el nombre de argentinos?

A decir verdad todo es relativo, nada tiene respuesta ¿o acaso existe una única e inequívoca verdad? Quizás seamos el fruto de algún flaco día en que el Barbeta harto y embobado de tanta rutina y rigidez decidió crear la tierra del ocio, de las mujeres divinas, del "todo se igual" y el "dale pa´delante". ¿Quién sabe? Tal vez en su momento de mayor concentración y seriedad supo crear el pueblo alemán, y el día que más atrasado venia tuvo que meterle pata y se mandó a los chinos, los hizo por cantidad, pero todos iguales. Y capaz que en uno de esos días nublados –que uno siempre los tiene– concibió a los muchachos de Gambia ¿Y estos, jefe: qué van a hablar? Ofuscado contesto: "No sé... mandinga".

La cuestión es que en esta metrópolis uno halla bellas criaturas, algunas para deshonra nacional decoradas con alguno que otro modelito nuevo de celular o el último de los bronceados artificiales. Pero de no ser por este mero e ínfimo detalle, usted mi querido porteño debe considerarse agraciado por ver sus sueños cumplidos y andantes por las calles y avenidas de la ya por sí bella Reina del Plata.

Fíjese usted nomás si acaso el microcentro no se asemeja al mercado de hacienda central. Chorreando carne por doquier, exponiendo lo mejor de la Argentina: esos cortes que tienen clase "for export". Creo que el relato abunda en elogios que a uno se le empiezan a ir fuera de los limites considerados políticamente correctos y entran en la categoría de la vulgaridad aunque últimamente me pregunto ¿Qué nos queda a los argentinos políticamente correcto?

Pero no es mi culpa sino que son las teclas de esta maquinola que de mi mano quieren comer e incesantemente piden que se les abra la tranquera de este pensamiento reprimido en lo más profundo de la salvaje y primate psiquis masculina. Ese pensamiento siempre presente en cualquier ronda de amigos, torta y oporto. Allí, en las noches de machotes, es cuando uno saca a relucir su visión déspota de las mujeres, creyéndonos soberanos de sus cuerpos, almas y sombras pudiendo hacer lo que nos plazca e ir por ahí sin sujeciones a las leyes. Cuando bien sabemos lo que una vez dijo aquel poeta: “Son ustedes las soberanas de nuestras noches. Nuestro permanente y perpetuo cavilar. Porque ambicionamos su amor mas que la gloría y todavía más”.

¡Atenti, nena! dijo Roberto, mas yo digo ¡Atenti, pibe! No vaya a ser que por hacerse habitué de esas noches de garufa entre naipes y sudor se te piante el carro y más tarde un lagrimón. Atenti a la vereda que ya llega tu princesa y que si uno la deja pasar luego si que se va a lamentar. Los años mozos no son para siempre. Arremeta con todo y dele pa´delante que capaz viene chumbeada y se la hace facilonga... ¡Atenti, pibe!

Ilustración: Cecilia Ivanchevich

22/6/2010

 

 

 

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