Mordisco del Diablo

Por Javier Cardenal Taján (Argentina)
xabi10xabi@gmail.com


Foto: Mariano García

A Villalba lo perdió el juego,
la sierra brava le advirtió
que alcohol y campesino
es una yunta que disgusta.

Cuando los dados lo miraron
con mala cara, él puso cara rara.
Al uno lo guapeó, los otros dos
eran ignorantes y bebidos testigos.
El forastero no entendió la compadreada
pero al juego de manos se trenzaron.

El sudor etílico les nublaba la razón,
ya naides recordaba por qué peleaban.
Si sería importante que el facón decantó
en las gruesas y rasposas manos del extranjero.

Sí, a Villalba lo perdió el juego.
La borrachera mitigaba el dolor
ausentando y negando el brazo
surcado, una y diez veces, por
el frío malhechor.

Aún de pie, Villalba sonreía.
Nada era miedo.
Unos perros desvelados danzaban
un ritual en torno a él,
algo le advertían.

El silencio atroz caló en su pecho
y calló la jauría.
Su tibia y chorreante sangre
brincaba de su ser al suelo y
del suelo al paredón del viejo
y sucio almacén. Un perro
jugaba con su oreja.

Aquel viejo teorema nocturnal,
que vuela con el polvo de campo
y se cuela en almacenes
y taperas, ruega sabiamente:
Quien da la primera cuchillada,
ya después no para.

La espesa sangre es el vicio de los romanos,
es la muerte del cristiano,
traicionó a los santos de los últimos días.
Sierra padre, Mordisco del Diablo,
campo papero; fuiste testigo
de cómo un foráneo fue acallado.

17/8/2010

 

 

 

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