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Manual del desamorado
Por Javier Cardenal Taján (Argentina)
xabi10xabi@gmail.com

Preocupados desde esta tribuna por la salud psico-emocional de nuestro crédito de Catalunya -Don Aleix Duran Ayxendri- quien ha dejado en claro sus inquietudes por “el arte del repaso o técnica del babear”, y ante su negativa al goce de una de las prerrogativas por excelencia del ciudadano de Santa María de los Buenos Ayres, es que dejamos aquí un brevísimo instructivo para evitar en ámbitos cerrados esas “rotaciones de cuello y torso” que no esconden otra cosa más que escapar al contacto visual o traducido al criollo: la gran timidez del porteño (aunque otros prefieren hablar de reticencia al compromiso)… “¿Però què merdes estàs parlant. Estàs boig xaval?” ¡En absoluto!
Mire, al ingresar a un ámbito nunca antes visitado, es casi una obviedad que usted sentirá ganas irrefrenables por saciar sus ojos galanes con las bellezas presentes. Tan así, que luego del travelling inicial, pasará a recapitular lo observado y jerarquizará a las niñas: bonitas, más bonitas y muy bonitas. Sin embargo, usted -y como buen porteño- es de esos que sufren de enamoramiento precoz con lo cual siempre habrá una que hará blanco en su pecho. Pues bien, usted sabe cuánto podría querer a esa mujer y del idilio que podría generarse, ¡pero no la mire! y siga estos consejos en pos de evitar la congoja del desamor sin amor.
Está claro que dada su masculinidad, naturaleza débil, intentará por todo los medios acercarse a dicha mujer. Pues ya enfangado, hágalo despacio, no se apresure ni atolondre. Observe su pelo, aunque pensándolo mejor tan sólo mire y no observe, ya que de hacer esto último comenzará usted a fantasear con el meneo constante de esa cabellera que deja caer sentires de mundos lejanos. Ahora bien, si la dama vuelve la cabeza hacia usted, baje la mirada y busque rápido refugio en la mancha más podrida del suelo -aunque segundos más tarde y de manera inexorable intentará trepar a pasos agigantados la humanidad de la joven-. Allí encontrará las piernas, lo cual es un buen indicio dado la lejanía de éstas con los ojos. Pero atenti varón, que pocos son los que pudieron salir airosos y triunfantes de la frescura aterciopelada de dichas piezas. Siga subiendo. Será de no creer. Es que ahora y en forma inconsciente ha buscado entablar contacto visual. Lo logra y empieza a sentir la marea de lava, no lo resiste, los ojos empiezan a llorar ¡regrese abajo ya!
Ahora es la cintura de la joven que lo recibe mostrando una costilla en la desnudez. No intente besarla, recuerde que de dicho componente óseo provino ella, la génesis de la perdición. Vamos un poco más abajo. Ella lo invita al arrabal de las caderas, refugio del consuelo, y usted que escupe neuronas intentando descifrar si es casada o suelta se adentra en un frenético bamboleo que ni la barca de Odiseo ante el canto de las majas sirenas. ¡No afloje o lo perdemos!
En caso de haber concurrido con un partenaire puede solicitar ser atado a un poste. Caso contrario, vire el rumbo y céntrese en el abdomen ¿acaso qué puede tener de interesante un abdomen? A decir verdad nada… si no fuese porque emula a una mesa lista para el gran banquete. Allí lo espera el tibio manjar, el reposo maternal, unas papas noisette, un syrah, y la siempre temblorosa invitación a posar una cereza negra en aquel ombligo lujurioso. No sude amigo, respire hondamente, evacue tensiones y venceremos al monstruo de dos ojos. Sabemos que es poco lo que queda por recorrer.
Podríamos recomendarle hacer la vista gorda y mirar para otro lado pero también sabemos que resultaría inútil dado que usted hace rato que ha quedado embelesado.
Ahora llega a la parte alta del torso. No se deje engañar por la redondez de esos hombros que llaman al mordisco pasional, piense que sólo sirven para que cuelguen los brazos. Si es valeroso como para evitar ese anhelo misterioso que constituyen sus ojos, atrévase a hacer foco en el cuello de la dama y considere que está muy cerca de quemarse. Por ello al sentir irrefrenables ganas de cruzar mirada alguna, fije raudamente la vista en el suelo. Repita el proceso cuantas veces sea necesario.
De seguir nuestras instrucciones es probable que no caiga en esos ojos, pero que se habrá enamorado no cabe la más mínima de las dudas. Por lo tanto, la gran sospecha es si este manual es digno de ser.
4/3/2011
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De piropos, babeos y repasos
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