Content on this page requires a newer version of Adobe Flash Player.

Get Adobe Flash player

 
 
 
 

 

Navidad en Buenos Aires, o el Apocalypse Now de las Pampas

Por Gabriela Antunes (Brasil)
gabiantunes13@hotmail.com 

Confieso que todavía estoy tratando de superar la falta de “tender” que es un típico jamón horneado presente en todas las mesas brasileñas para las navidades. Quedarse sin pavo es soportable, pero sin mi “tender” resulta demasiado cruel. Se extrañan aquellas grandes cenas familiares donde la tía llega con sus frutas secas y el ananá en lata que sólo se abre para Navidad. Quiero un poco de todas esas 234.567.890 calorías que celebran el nacimiento de Jesús. Quiero todas aquellas aves gordas y transgénicas que habitan los hornos brasileños en esta época del año.

¿Dónde está la nueva clase media dando entrevistas en los shoppings abarrotados para DFTV? ¿Y qué fue del especial de Roberto Carlos? ¿Dónde fue a parar el elenco de Globo TV deseándome felices fiestas? ¡Fátima Bernardes, William Bonner, Tony Ramos! Olvídense, porque parece que Buenos Aires no está en la ruta de Papá Noel. Qué lejos está el Polo Norte de la Patagonia… muy lejos.

Juro que estoy tan ocupada con mi reciente vida de mártir del periodismo, trabajando largas horas como esclava blanca para un diario de la Capital argentina, que no había notado lo que mis amigos de visita me hicieron notar esta semana: Buenos Aires carece de espíritu navideño.

Sin juicio de valores. Mi madre nunca cocinó un pavo, y si lo cocinara no sé si sería capaz de probarlo. Es que ella no sabe siquiera cómo poner una aceituna encima de una porción de pizza. En mi familia nunca tuvimos cena de Navidad en casa. Vivimos de las bondades de otras familias católicas (somos de ascendencia judía) todos estos años, aunque debo confesar que nunca me resultó divertido ese rol de invasora.

Pero la ausencia estética de la Navidad (y consecuentemente de toda aquella hipocresía navideña que nos invade para esta parte del año) me está generando cierta melancolía. Es como si Cristina hubiera vetado la Navidad. Claro que los burgueses siempre serán  burgueses, y nadie encontrará los pasillos del Shopping Alto Palermo vacío en esta época del año. A pesar de esto, no he escuchado ni siquiera un “Jingle Bells”, o a John Lennon cantando "So This is Christmas". Sí vi uno o dos panes dulces pero no sé dónde comprar una mini canasta con artículos navideños para el encargado de mi edificio ya que luego de contarle a un amigo argentino que iba a comprarle un vino, me advirtió que mi portero podría interpretar el "regalo" como una invitación erótica. Y la verdad es que no pienso “socializar” tanto en el edificio.

No sólo no se oyen trompetas si vienen a Buenos Aires en esta época del año, sino que tampoco encontrarán aquí ningún clima celestial. El espíritu navideño se escapó en Buquebús. Encima hace un “caldo della Madonna”, como dirían los italianos. Parece que alguien hubiera puesto una tapa de olla encima de Buenos Aires y dejara a sus habitantes hervir adentro. El calor de aquí es como del tipo de Manaos, caliente y húmedo (para quienes no lo conocen, uno de los dichos preferidos de los porteños es “¡Lo que mata es la humedad!”).

Ni siquiera los pelotudos que se portaron mal durante todo el año tienen una pausa para repensar su vida durante las fiestas. Líderes sindicales convocan a enormes manifestaciones interrumpiendo el acceso a la ciudad, los políticos tienen ataques de verborragia, el congreso no disminuye sus actividades. Y para completar: ¡manifestantes quemaron el árbol de navidad gigante instalado en Plaza de Mayo!

Fue una escena dantesca, recordando los 10 años del “Corralito Económico”, que acompañé mitad desde la redacción y otro tanto desde la propia Plaza de Mayo. Al día siguiente transitar el centro porteño era como llegar a París luego de un bombardeo alemán. El árbol carbonizado, las paredes de la catedral manchadas. Por más legítima que haya sido la protesta, el resultado reafirmó esa extraña sensación de “¿Dónde esconderán al espíritu navideño en esta ciudad? ¿Acaso los porteños nunca van a bajar un cambio?”

Mejor vayámonos todos a cenar en Mar del Plata y dejar a Buenos Aires vacía. Vámonos a comer pavo y escuchar “Merry Christmas, the War is Over”, comprar decoraciones ridículas y llenar la casa de lucecitas. Ya dije que no soy católica, pero vamos gente, un poco de espíritu navideño no le hace mal a nadie.

Al menos el Gobierno de la Ciudad reconstruyó el árbol de Navidad destruido por los manifestantes. Vamos a ver cuánto dura en el Apocalypse Now de las Pampas.

24/12/2011

Traducción: Mariano García y Javier Cardenal Taján

Notas relacionadas:

Especial: Navidad en el mundo

 

 

 

:: Cambalache • Novedades ::

Diccionario Ilustrado de Periodismo Deportivo Latinoamericano

Notas anteriores

50 mil personas celebran el Año Nuevo Chino en Buenos Aires

Cisjordania: Una Navidad poco ortodoxa

Navidad en Buenos Aires, o el Apocalypse Now de las Pampas

América de Cali en la B: Una diatriba del destino

Manual del desamorado

Cuando San Valentín necesita un traductor

De piropos, babeos y repasos