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La policía de Bahía, en pie de guerra

Por Gilson Jorge (Brasil)
http://brazilchronicle.wordpress.com

(Salvador de Bahía, especial para Traducir Argentina).- El centro administrativo de Salvador de Bahía suena como un campo de guerra en este lunes 6 de febrero, a diez días del inicio del Carnaval, la fiesta que ha convertido la ciudad –a los ojos de los argentinos–, en símbolo de la alegría brasileña.

Dentro de Legislatura, policías amotinados amenazan con disparos en caso de que el lugar sea invadido por las fuerzas militares nacionales encargadas de mantener el orden. Tienen además la tarea de llevar a la cárcel los líderes del movimiento.

Once años después del primer gran paro de la policía de Bahía, en julio del 2001, otra vez el ejército brasileño y las fuerzas de seguridad nacional están en la ciudad intentando  garantizar que la sociedad no sea amenazada, y también para que se cumpla ley. En ambas ocasiones la motivación de los policías coinciden: aumentar los sueldos de los que están encargados de la protección de la sociedad, aunque eso les cueste la vida. Pero aún así, los policías no pueden hacer paros.

En la primera ocasión, el gobernador derechista Cesar Borges, ahijado político del entonces todo poderoso Antonio Carlos Magalhães (ya muerto), entregó todo el comando de la estrategia de defensa a los federales y llegó a decir a la prensa que no tenía idea de lo que se planeaba para traer la tranquilidad de vuelta a la ciudad. A la izquierda le quedó el rol de cuestionar las políticas oficiales hacia los agentes de seguridad. Algunos políticos llegaron a manifestarse públicamente en favor de los policías.

Hoy, con el Partido de los Trabajadores al frente de los gobiernos de Brasil y de la provincia de Bahía, el reclamo de legalidad viene por parte de antiguos sindicalistas, como el gobernador Jaques Wagner, quien ofreció un aumento de 6,5% pero rechaza la posibilidad de negociar con los policías involucrados en actos criminales, como ataques a tiendas y colectivos e incluso disparos hacia civiles.

El gobierno sospecha que policías estén detrás de algunos de los robos y homicidios ocurridos en la última semana y que hicieron aumentar la sensación de inseguridad en una de las ciudades más violentas de Brasil. Desde que empezó el movimiento han muerto 93 personas en la Grand Salvador, casi el doble de una semana "normal". Generalmente, los homicidios están relacionados a la venta y uso de drogas; pero en los últimos días ataques violentos como los 15 balazos disparados contra un policía empujar a la sociedad bahiana al borde del caos.

El sueldo medio de un policía principiante en Bahía, sin beneficios adicionales, ronda los R$ 1.550 (AR$ 3800), lo que no es suficiente para garantizar una vida tranquila. Es menos de lo que gana un conductor de colectivos y casi mitad de lo que gana un policía en la vecina provincia de Sergipe, mucho más chica pero que tiene una mejor situación financiera gracias a los royalties de petróleo.
 
La desesperación por una vida mejor y la solidaridad hacia sus maridos hizo que docenas de mujeres de policías fueran con sus hijos al frente de la Legislatura, dispuestas a servir de escudo humano contra una eventual invasión de los federales. Pero la policía está fraccionada. Aunque un incremento en los sueldos resulte bueno para todos, muchos están en desacuerdo con los métodos elegidos por un grupo de policías que no representa más que 5% de la planta y que decidió abandonar las negociaciones con el gobierno.

De no haber sido por los ataques hechos por gente armada y encapuchada en la última semana (que muchos atribuyen a los propios agentes del orden en paro), los policías podrían haber obtenido un apoyo más grande en la sociedad, como pasó en 2001, cuando incluso estudiantes que meses antes habían sido atacados dentro de la universidad, bajo las órdenes de Magalhães, se pusieron al lado de los policías y en contra del gobierno de derecha. Muchos policías llegaron a disculparse ante los estudiantes por sus acciones pasadas.

Policías de otras provincias, como Río de Janeiro, amenazan con hacer paro en caso que haya violencia contra los policiales amotinados en Salvador.  En el fondo, la presión es para que el Congreso Nacional apruebe la PEC 300, una propuesta de enmienda a la constitución que garantizaría un sueldo mínimo de R$ 3,5 mil a todos los policías de Brasil. Mientras, los ojos de todo el país están mirando lo que pasa en la Legislatura de Bahía.  

6/2/2012

Foto: AP

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