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Carta al pueblo español

Por Ernesto Zarza González (Colombia)

Manifestantes en España - Indignados

Estimado habitante de la península:

Ésta, su elegía, se torna aún más lastimera en alguien que, como yo, es oriundo del empobrecido y embrutecido Sur y la comparte espiritualmente. Soy colombiano y, en mi país -como en toda Latinoamérica, que, al fin y al cabo, forma una nacionalidad-, la resignación ancestral ha marcado un hito atávico, por el cual el conformismo trueca en corderismo. Ergo, la miseria generacional es motivo de alegría y la vida de lujo y de boato de los señores feudales que nos gobiernan motivo de admiración y de acatamiento ciego; en medio de tanta riqueza, nuestra pobreza ha sido la política pública que los diversos gobernantes han llevado a cabo y la corrupción es la máxima a seguir como paradigma de éxito y reconocimiento.

La transliteración de los valores es total, y así lo ha sido desde el momento en el que, independizados de España, los criollos pudientes tomaron los feudos y condenaron a la tristeza, a la ignominia, a la muerte, a los héroes y sabios que, tan idealistas como Platón, deseaban hacer de los nuestros Estados fuertes, prósperos y justos. Así, Bolívar, San Martín, Artigas, Morelos, Hidalgo, Sucre, Nariño, Morazán y otros cuantos, muy contados, deambulan por el limbo dantesco con el sentimiento de derrota y de culpabilidad a cuestas.

Por ello, como nativo de la pobreza y la abyección institucionalizada, siento escozor al ver lo que está sucediendo en la Madre Patria. Es triste que en España, con el apoyo que tiene de la Unión Europea, la sangre que nos legaron desde La Conquista hierva y se manifieste. El espíritu de la Inquisición sigue vigente y el endémico mal que por las venas corre putrefacto hace de un país, que antaño fue la primera potencia mundial (aunque la riqueza iba a manos inglesas y holandesas), que hoy adolezca de las enfermedades propias del egoísmo y de la injusticia tercermundista.

Hoy España, en vez de ser el modelo a seguir de todos nuestros países (como siempre lo ha sido en la letra, en el espíritu idealista de los gobernantes corruptos que hemos tenido que, al parecer, en el subconsciente de nuestro vulgo ha pretendido mantener intacto el rastrero sentimiento de serle fieles a un Rey), ha tomado a nuestros caciques y gamonales -sátrapas zarrapastrosos aduladores del Imperio del Norte- como modelos a seguir.

Un retruécano de valores paradójico, la venganza de la Historia. Pero, a diferencia del pueblo latinoamericano, la gente española no ha sido tan aviesamente embrutecida; la educación, si bien no es generalizada (a diferencia de la nuestra, en la que sólo los miembros de la oligarquía, los pertenecientes a la cima de la pirámide feudal, tienen posibilidades de acceder a buenos colegios y universidades; naturalmente, a contrario sensu, sistemáticamente se han encargado, atavismo reaccionario, de que el pueblo siga siendo por siempre el vulgo, ignorante y desconocedor de sus derechos, timorato y adulador.

La educación pública, pésima, lentamente va siendo postre de los intereses privados, hace que, por lo menos, sepan cuáles son sus derechos y, lo principal, que luchen por ellos. Pues… ¡No se rindan! Si la clase gobernante española sigue el ejemplo de la nuestra y pretende regresar a las épocas feudales, la consecuencia de sus acciones debe verse en las hermosas plazas de Iberia.

5/6/2011

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