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Cuba: El desmoronamiento del sistema comunista
Por Maike Wiemar (Alemania)
maike.wiemar@hotmail.com

El sistema comunista de Cuba empezó a desmoronarse: la isla se encuentra en una profunda crisis económica y el proceso de deteriorio no sólo avanza con una rápidez inmensa, sino que también parece imparable. Para evitar un derrumbe total del sistema socialista, el presidente cubano, Raúl Castro, permitió ahora la apertura de pequños negocios, pero descartó “reformas del mercado” hacía el capitalismo.
En la primera sesión ordinaria anual del Parlamento, realizada el 3 de agosto, Raúl Castro dio a conocer unas pocas medidas para reanimar la economía cubana. El régimen anunció la amplicación del “trabajo por cuenta propia” y la eliminación de “varias prohibiciones vigentes para el otorgamiento de nuevas licencias”. Además, la “comercialización de algunas producciones” también será permitida. No obstante, el presidente subrayó que el Estado mantiene la propiedad y que las medidas sólo serán establecidas para “actualizar” el mercado socialista.
En Cuba, el Estado controla más de 90 por ciento de la actividad económica. Desde la Revolución en 1959 comandada por Fidel Castro, la isla mantiene un sistema socialista. Pero Raúl Castro, al asumir el cargo del presidente hace cuatro años tras una enfermedad de su hermano Fidel, prometió “cambios estructurales” que incluían la entrega de tierras a privados, la liberalización del consumo y una mayor flexibilidad en el mercado laboral, entre otros. Poco a poco, algunas de estas medidas fueron realizadas.
Acerca de la liberalización del consumo, desde 2008 Castro eliminó las prohibiciones del alojamiento en hoteles para los cubanos y también permitió el acceso a la telefonía celular, que antes sólo era permitida para turistas o altos miembros del régimen. Además, el gobierno autorizó la venta libre de computadoras, lectoras de DVD, microondas u otros electrodomésticos.
Pero este año el presidente privatizó peluquerías y salones de belleza, medida que puede ser considerada como el inicio de la esperada privatización. Para los nuevos “propietarios”, el Estado estableció un pago mensual de 933 pesos cubanos (unos 45 dólares) pero también obligó a los dueños de pagar los gastos externos, como agua o electricidad de sus propios recursos. Aquellos cubanos que no quisieron participar en este nuevo modelo, fueron asignados para otros sectores y hasta algunos podrían jubilarse.
Para enfrentar la crisis, el régimen decidió de autorizar más negocios privados con el fin de absorber el excedente de trabajadores en el sector público. No obstante, Raúl no se cansó de manifestar que la economía cubana sigue siendo centralizada y social. Referiéndose a las pequeñas y mediadas empresas y al turismo, el presidente dejo en claro que “hay tareas que desempaña el Estado que también pueden ser desempeñadas por otros sectores”. Pero Castro también aseguró que nadie quedará “abandonado a su suerte”.
Mariano Murillo, Ministro de Economía, sostuvo que las medidas no presentan reformas. “Estamos estudiando una actualización del modelo económico cubano, donde van a primar las categorías económicas del socialismo y no el mercado”, dijo y destruyó así las esperanzas de los cubanos hacía un cambio socialpolítico. En los años ‘90 tras la crisis del bloque socialista, Cuba ya había autorizado este tipo de licencias, pero en el marco de una recentralización económica a inicios de esta década, se habián congelado los permisos, pues hoy unos 140.000 trabajadores son independientes.
El futuro del sistema comunista de la isla está resentido y aunque los líderes de la isla coinciden que las concesiones en la economía no presentan ningún tipo de reformas capitalistas, la nueva dirección que estableció Raúl Castro podría ser un inicio de los cambios necesarios.
9/8/2010
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