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El 140% del pueblo pide cambios
La democracia rusa desafía a las matemáticas
Por Verónica Stewart
veronicamstewart@gmail.com

El pasado 4 de diciembre se llevaron a cabo las elecciones legislativas en Rusia. A aquella fiesta de la democracia, como tantos políticos han descripto al día en el que la voz del pueblo se hace escuchar en los comicios, asistieron muchas personas. Muchas personas. Tantas que superaron el límite de los que entraban: los resultados revelaron que el total de los votantes era aproximadamente del 140% del país. Como es natural en toda reunión sobrepoblada, entre la masa de votos sospechosos las voces de los ciudadanos no fueron oídas y Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin, ganó con cerca del 50%.
La fiesta terminó en Rusia y comenzó en Internet. Los chistes no tardaron en inundar sitios como la plataforma social Twitter y el cada vez más popular compilado de bizarreadas 9gag (www.9gag.com). Las bromas son muchas y variadas, e incluyen desde una imagen de un niño diciéndole a su padre que sacó 100% en un examen seguida de otra de Putin dándose vuelta y preguntando decepcionado “¿sólo el 100%?”; hasta un mensaje de una rusa afirmando que estaba sumamente ofendida por los chistes: al 50% no le molestaban, pero ella pertenecía al 90% al que sí. En Rusia la cosa es mucho más seria, y desde aquel día el corrupto tsunami de votos fue respondido por una ola de protestas y reclamos por que las elecciones se hagan de nuevo. Y sin embargo, estas bromas son la mayor repercusión que el suceso ha recibido, ya que el gobierno no es afín a la idea de que los medios hablen demasiado de todo esto.
Parece ser vital para Putin y sus aliados mantener el kitsch. Aquel término, desarrollado por Milan Kundera en “La insoportable levedad del ser” (libro que casualmente transcurre durante la ocupación soviética de la República Checa), significa un ideal estético, “(...) un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese”. Internet sería, entonces, el inodoro donde todo lo que el gobierno busca ocultar es depositado.

O por lo menos así lo era hasta ayer, cuando el partido de Putin finalmente escuchó los gritos furiosos de su pueblo, exacerbado al 140% por tal fraude: Boris Grizbov, presidente del Duma (cámara baja del Parlamento), renunció. Frase célebre durante su mandato: “la Duma no es lugar de debates políticos”. Pero el kitsch de la armonía y la justicia retratado por el gobierno mediante la censura del pincel de otros, cae poco a poco ante la embestida de la masa y su pedido por la democracia.
16/12/2011
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