El hecho de que Cristina Fernández de Kirchner haya ganado las elecciones no es sorprendente. Pero la ventaja enorme con la que dejó atrás a sus oponentes sí lo es. Cristina alcanzó casi 54 por ciento de los votos y, viendo los spots de las campañas opositoras, uno se da cuenta a qué se debe este resultado aplastante.
El justicialista Alberto Rodriguéz Saá, candidato de Compromiso Federal, dejó un buen ejemplo de cómo no hacer las cosas: su spot de campaña era menos creíble que Paris Hilton haciendo tareas comunitarias. Saá invita a todos los argentinos a ir a San Luis para que vean el milagro que ha hecho ahí: viviendas para todos, internet gratuita, rutas, caminos y autopistas. Ahora, si todo es tan perfecto allí, ¿porque los votantes no lo podían ver en el spot? Apenas 8% le creyó.
Difícil de empeorar las cosas, pero no imposible: Ricardo Alfonsín, el candidato de la Unión Cívica Radical alcanzó 11% de los votos, y que haya logrado un porcentaje tan alto ya es un milagro. ¿Se puede tomar en serio a un candidato a presidente que una semana antes de las elecciones lanza un spot de campaña admitiendo que la Presidenta “posiblemente vaya a ganar las próximas elecciones”? Resignación e impotencia no son las mejores características para liderar a un país. Quizá se postuló solamente para gastar dinero en un spot, dirigiéndose directamente a la Presidenta para decirle “yo no le creo nada”. Los votantes no le creyeron a él tampoco.
Eduardo Duhalde alcanzó 6% de los votos y Elisa Carrió brilló con un 1% de los sufragios. ¿Qué hicieron para lograr estos resultados triunfantes? En el fondo, hicieron lo mismo que todos los demás candidatos: se pusieron ante la cámara para criticar a la actual Presidente, diciendo que no cumple con las promesas, que es hipócrita y que promueva la corrupción. Además nos explicaron las cosas que están mal en el país y nos aseguraron que ellos saben lo que hay que hacer. El candidato Duhalde dice en su spot “lo voy a hacer para todos los argentinos”. Lamentablemente, omitió el pequeño detalle de decirnos QUE es lo que va a hacer.
El propósito o el sentido de una oposición es tener convicciones, ideas y propuestas diferentes para cambiar o mejor a un país. Ninguno de los candidatos demostró su capacidad para el liderazgo o logró transmitir credibilidad. No había ideas, ni alternativas y mucho menos convicciones o voluntad. Quizá, para las próximas elecciones en el 2015 los candidatos deberían preguntarle a la Presidente reelecta cómo hacer un buen marketing y presentarse de una manera auténtica.