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CADIVI: El “cuco” de los
estudiantes venezolanos
Por Mariela Nexans (Venezuela)
marinexans@gmail.com

(Fotomontaje: América Economia)
Buenos Aires resulta una ciudad cosmopolita, donde se torna cotidiano encontrar estudiantes de diversas nacionalidades dentro de un salón de clases, compartiendo y debatiendo respecto a las culturas, idiosincrasias y experiencias alcanzadas a lo largo de sus vidas, tratando de buscar nuevos horizontes donde dar rienda suelta a las ideas y pensamientos, delante de un pupitre y frente a un pizarrón.
En esta ilusión de mundo perfecto, donde los sueños no poseen límites y los diversos acentos dan tonada a las horas de clase, resulta difícil imaginar los pesares que deben enfrentar los estudiantes provenientes de Venezuela para realizar actividades tan normales como alquilar un lugar para vivir, pagar la mensualidad de la facultad o simplemente obtener el dinero necesario para tratar de llevar una vida porteña.
Y es que en este país de hermosas playas caribeñas, existe desde febrero de 2003 un control de cambio que regula la adquisición de divisas, y que torna a una simple operación cambiaria en una actividad karmática para los nacionales de la tierra del Arauca vibrador. Asistimos así a un constante debate respecto al proceso necesario para solicitar el cupo de dólares correspondiente al tan sugerente precio oficial de 2,6 BsF = 1 U$D, ante la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI) –el cual no debe exceder los 1.300 USD mensuales–, sin que se llegue a una conclusión única de los pasos a seguir.
Resulta difícil tratar de explicar un proceso que no es bien entendido por los propios venezolanos, cuyos recaudos cambian constantemente, tornando casi imposible establecer un criterio único de documentos y papeles que deben ser consignados ante el verdadero “cuco” de los cuentos infantiles: CADIVI.
Lo primero que hay que tener es una cuenta en una entidad bancaria en Venezuela, con el dinero correspondiente para que CADIVI realice las transferencias en su debido momento. Luego de ello se deben entregar 3 carpetas por cada solicitud, permitiendo que quienes la elaboran recuerden los años en los que sus maestras de jardín de infancia realizaban manualidades para regalar en ocasiones especiales. Y es que desde la manera y posición en la que se deben escribir los separadores de los documentos, hasta la escala de la fotocopia de la cédula que se entrega, se encuentran explicados en el portal web del organismo (el cual colapsa constantemente por la cantidad de solicitudes), pero varía de acuerdo al humor que posea el funcionario al que corresponda atender al estudiante en el banco al momento de la entrega de las mismas.

(Foto: Agencia EFE)
Una vez culminado este proceso, toca rezar al santo de su preferencia para que pronto reciba en su correo electrónico un e-mail que le asegure que su solicitud ha sido “ACEPTADA” y que tan pronto llegue a su destino y posea una cuenta donde le puedan hacer la transferencia en billetes verdes, podrá tener libre acceso a su dinero (esto claro, sin caer en las particularidades que resulta en Argentina abrir una cuenta bancaria).
Finalmente si ha sobrevivido a este sencillo proceso de solicitud de divisas, es necesario destacar que el mismo deberá ser repetido de cada 3 a 6 meses (dependiendo del caso) para continuar pagando los estudios que tanto anhela y la nueva vida que esta tratando de llevar a cabo en territorio albiceleste, tomando en consideración que ahora los documentos a consignar, por estar emitidos por otro país, deberán primero ser legalizados ante el Ministerio de Educación, la Cancillería argentina y ser presentados en la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela.
Todo un best seller de terror para contar en sustitución del tan trillado “cuco” infantil.
22/5/2010
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