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Ernesto Zarza González
   
E-mail: ernestozarza@hotmail.com
   

Al hacer mención del nombre con el que dos maravillosos seres, surgidos de un cuento de hadas, decidieron que yo habría de ser conocido, junto con los apellidos que me han legado, apellidos que con sumo orgullo ostento, me presento.

Soy Ernesto Zarza González. Nací en Bogotá, Colombia, el 27 de abril de 1973. Recuerdo que desde muy niño, quizás cuando tenía dos o tres años, me llamó la atención la biblioteca de mis padres. El variopinto cuadro que conformaban los libros me atraía de una manera inexplicable; tan sólo fue ver los variados textos para, como por arte de magia, hacerlos aparecer en mis manos. Muchos de ellos tienen grabadas las señales indelebles que les dejó mi infantil curiosidad y mi prematuro amor por las letras; las mencionadas marcas así lo reflejan: mi desconocimiento de los signos alfabéticos lo compensé con la originalidad de los grabados rúnicos que fijé en algunas páginas, grabados con los que pretendía emular a la insondable escritura.

Desde ese momento se formó, entre los libros y yo, un idilio vitalicio, un nexo indestructible, a pesar de que la serie de signos indescifrables que contenían los textos continuaban siendo un misterio para mí. Por supuesto, dicho arcano contribuyó de manera manifiesta a fomentar mi curiosidad. El misterio se develó, como todo misterio resulta develado, de una forma simple: siguiendo la tradición ancestral de la humanidad, en las noches mis padres me deleitaban con la lectura de los cuentos que terminaron siendo de mi propiedad; sin embargo, a diferencia de la inmensa mayoría de los infantes, yo no quedaba satisfecho con una sola narración. Mis ojos, lejos de cerrarse en la mitad del relato, se abrían más en la medida en que éste iba desarrollándose, como si quisieran abarcar de una mirada a todo ese mundo de fantasía que ante mi pueril imaginación se presentaba. El sueño, como si se sintiera despreciado, de mí se iba aturdido; sin recato alguno, casi exigiéndoles, como los niños mimados lo hacen, les pedía a mis progenitores que leyeran más, más, más.

En una reunión mi madre, con una maternal sonrisa, dijo que descansó cuando aprendí a leer. Se formalizó mi unión con los libros. Entré a formar parte de la “sociedad subterfugia” a la que hace alusión Milan Kundera en “La insoportable levedad del ser”.

Adelanté mis estudios de primaria y secundaria en el Gimnasio de Los Cerros, colegio ubicado en Bogotá, Colombia, de donde me gradué como Bachiller Versión Internacional. Después estudié Derecho en la Universidad de La Sabana, en Bogotá; soy Abogado. Sin embargo, el apoyo de esos dos seres maravillosos continuó. Lo dije antes: ellos surgieron de un cuento de hadas. Movieron sus varitas mágicas y así me ayudaron a transportarme a Buenos Aires, Argentina, en donde seguí la carrera de Periodismo Deportivo en la Escuela Superior de Ciencias Deportivas (creo que no soy soberbio al acotar que de ella me gradué con honores).

Apelando a su condescendencia, me tomo el atrevimiento de finalizar esta breve reseña de mi existencia anotando que manejo el inglés y el portugués y que he recibido menciones de honor en dos certámenes de poesía en Argentina.

Obra publicada:
El libro de los sentimientos extravagantes. Novela y tres cuentos. 145 páginas. Rodríguez Quito Editores. Bogotá, 2006.
Y más de 30 obras inéditas.

Artículos

 

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